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Full text of "Viento en popa : zarzuela cómica en un acto y en prosa"

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§ 1 *1 ADMINISTRACIÓN 

LIRICO-DRAMATICA 


VIENTO EN POPA 


AZUELA CÓMICA EN UN ACTO Y EN PROSA 


ORIGINAL DE 


Bí a\ /ni'o /rv. we 



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LO YRAYZO 


MUSICA DEL MAESTRO 


DON JERÓNIMO JIMÉNEZ 


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MADRID 

CEDACEROS, NÓM. 4, SEGKJNDO 

1§94 






























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TIENTO EN POPA 

ZARZUELA CÓMICA 

EN UN ACTO Y EN PROSA 

ORIGINAL DE 


PIACRO YRÁYZO?; 

música del maestro 


DON JERÓNIMO JIMENEZ 


Estrenada en el TEATRO ESLAVA la noche del 5 de Abril 

de 1894 



MADRID 

R. VELASCO, IMPRESOR, RUBIO, 20 


1894 





* 




A MI DISTINGUIDO AMIGO 



zDanvila 


u Sazdli 


& 


riñoso- recuden 


da di 


e ó it ar> 


Tii^xr 







REPARTO 


PERSONAJES ACTORES 


AURORA. 

DOÑA MICAELA. 

VIAJERA 1.a. 

IDEM 2.a. 

DON TELESFORO. 

MANUEL. 

DON POLIO ARPO. 

SIGNOR POMPOLINI (*) 

EL DOCTOR ( 2 ). 

EL CAPITÁN. 

UN CABO ( 3 ) {Marinero). 
UN CAMARERO. 


Srta. Arana. 

González (N.}¡ 

Espinosa. 

Barragán. 

Sr. Castilla. 
Ripoll. 

Ortas. 

Carrión. 

Ibarrola_ 

Zaldívar. 

Arana. 

Toha. 


Pasajeros de ambos sexos , marineros y coro general 


LA ACCIÓN EN ALTA MAE, Á BOEDO DE UN TE ANS ATLÁNTICO 

ÉPOCA ACTUAL 


Las indicaciones del lado del actor 


(1) Este papel va escrito como debe pronunciarse. 

(2) Tipo calmoso. Hablará, despicio y con acento americano muy 
pronunciado. 

(3) Acento andaluz, cerrado 


Queda autorizado el Archivo y cojpistería de D. Florencio ¡» 
Fiscowich para servir materiales de orquesta de esta obra. 


















ACTO ÚNICO 


INTRODUCCIÓN 

AI levantarse la cortina aparece un telón corto representando un 
paisaje de marina, de noche. La mar tranquila y la vista com¬ 
pleta de un vapor transatlántico. Efecto de luna iluminando este 
paisaje. En el vapor se verán las luces del interior. AURORA, 
MANUEL y CORO GENERAL dentro, figurando que cantan los 
pasajeros que van á bordo. 

música 

Aur. Por el mar de la vida 

triste busqué 
risueñas esperanzas 
que no encontré; 
pues son como las olas 
del ancho mar, 
que vienen unas veces 
y otras se van. 

Al regresar al suelo 
donde nací, 

siento que la esperanza 
renace en mí; 
y el resplandor del faro 
brilla en la noche obscura, 
como destello claro 
de sin igual ventura. 

Coro Al rumor de la mar nuestro barco, 

que rápido vuela, 


678269 










— 8 — 


ya dejando su paso en el agua 
con mágica estela. 

Man. Vuela, vuela marcando en redor 

dulce vaivén, 

que en la playa risueña de amor 
está mi bien. 

Por el mar de la vida 
triste busqué 
risueñas esperanzas 
que no encontré. 

Coro ¡Ohí, ohé! 

¡Ohí, ohé! 

Todos Cuando la mar está bella 

da alegría navegar, 
porque sentimos en ella 
un encanto singular. 

Y el compás del balanceo 
con que nos suele mecer, 
más que molesto mareo 
causa tranquilo placer. 

Terminada la barcarola y después de.un corto prelu¬ 
dio imitativo de la marcha del vapor, 

MUTACION 

La escena representa el interior del vapor. Decoración de día. Co¬ 
medor del transatlántico. Al foro, escalera que conduce á la gale¬ 
ría superior, y entradas por el primero y segundo término de la 
derecha y de la izquierda. Al levantarse el telón corto, aparecen 
sentadas en sillas tijeras de mano, y á la derecha del actor, Au¬ 
rora y las Viajeras 1.* y 2. a formando grupo y haciendo «crochet». 
Don Policarpo limpiando con el pañuelo un gran anteojo de larga 
vista, y con el cual, y desde en medio de la escena, mira al mar 
por una gran ventana, desde la que se verá el horizonte y el 
agua. En escena, sillas de mano y un velador. 


ESCENA PRIMERA 


AURORA, VIAJERAS 1. a y 2. a , DON POLICARPO y CAMARERO 


POL. 

Cam. 

PoL. 

Cam. 

POL. 


Viaj. 1.a 
Aur. 
Viaj. 1.a 
Aur. 
Pol. 


Aur. 

Pol. 


Viaj. 1.a 

Aur. 

Pol. 

Aur. 

Pol. 


¡Camarero! ¡Camarero! (Llamando con las palmas.) 
(saliendo.) Mándeme usted. 

Una copita de Jerez con bizcochos. 

Está muy bien, (vase.) 

Esta brisa del mar despierta el apetito de 
una manera espantosa, (sigue limpiando el an¬ 
teojo.) 

(a Aurora.) Dos puntos al aire. 

(Trabajando.) UllO... y dos. 

Ahora tres de cadeneta y uno montando. 
¡Ah, ya lo entiendo! Es muy sencillo. 
(Fijándose en el grupo.) ¡Hombre, está aquí 
Aurorita, la niña simpática! (Acercándose.) 
¡Muy buenos días, pollitas! ¿Qué se hace, se 
trabaja? 

Sí, pasando el rato. (Dejan de trabajar.) 

¡Muy bien hecho! La laboriosidad es una de 
las cualidades que más adornan á la mujer. 
(Limpiando siempre el anteojo.) Una mujer labo¬ 
riosa, nadie sabe lo que vale. Por eso me 
enamoró yo de la mía. (Entristeciéndose.) ¡Po¬ 
bre Concha! ¡Pobrecita Concha! Era una 
hermosa jamona con 87 kilos de peso... 
(Transición.) Porque han de saber ustedes que 
á mí me han gustado mucho toda la vida 
las jamonas. 

¿Sí, eh? 

¿Y se murió? 

Hace tres años. ¡Pobre Concha! 

¿De manera que es usted viudo? 

Viudo y solo en el mundo. No tengo más 
parientes que mi sobri... digo... (por poco se 
me escapa) no tengo más sobrinos que mis 
parient... tampoco es eso... en fin, que no 
quiero distraerlas con esta conversación que 
no viene á cuento. Sigan ustedes, sigan us¬ 
tedes trabajando. (Se retira y vuelve á mirar al 
mar.) 


10 — 


Aur. 

Viaj. 2. a 

Aur. 
Viaj. 2. a 


Aur. 


Viaj. 1. a 

Las tres 

PoL. 

Aur. 

POL. 


Aur. 

Pol. 

Las tres 
Aur. 

Pol. 


Con SU permiso, (siguen trabajando.) 

Ahora otros dos al aire, luego tres de cade¬ 
neta... 

Sí, y después montando otra vez. 

Justo, y así va tomando la forma de una 
Concha, ¿lo ves? (Enseñándola el dibujo que for¬ 
ma el crochet.) 

Es verdad. ¡Una concha enteramente! Y á 
propósito, el señor Gutiérrez nos podía ayu¬ 
dar á sacar esa cuenta. 

Tienes razón. (Llamándole.) ¡Señor Gutiérrez!..., 
(pausa) ¡Señor Gutiérrez!... 

(viendo que no contesta.) ¡Señor Gutiérrez!... 
(¡Ah, es á mí! No me acordaba de que aquí 
me llamo Gutiérrez.) ¿Qué les ocurre? 

¿Sería usted tan amable que nos ayudara á 
sacar una cuenta? 

(cogiendo una silla.) Con mucho gusto. ¡Venga, 
venga! Para sacar cuentas me pinto solo, (se 

sienta con ellas.) 

Vamos á ver. ¿Cuántas conchas hacen falta 
para una cama de matrimonio? 

(con naturalidad.) Si son como mi mujer, con 
una tenía bastante. ¡Ochenta y siete kilos!... 
¡Já, já, já! 

¡No sea usted bromista! Hablamos de con¬ 
chas Como ésta. (Enseñando la de crochet.) 

¡Ah, ya! Eso es otra cosa. Verán ustedes... 

(siguen hablando los cuatro en voz baja y echando 
cuentas.) 


ESCENA II 

DICHOS, EL CAPITÁN y un CABO izquierda; bajan hasta el pros¬ 
cenio con afectada indiferencia, y sin mirar nunca al grupo que 
forman don Policarpo y las viajeras 

Cap. Vamos á ver si eres discreto alguna vez en 
tu vida. 

Cabo Zeré discreto, mi capitán. 

Cap. Oyeme con atención, que voy á hablarte de 

un pasajero; pero no vuelvas la cabeza para 
que no sospeche que hablamos de él. 


— 41 


Cabo Está rnú bien; no la gorveré. (cuadrándose- 

muy rígido frente al público.) 

Cap. ¿Ves ese caballero que está á tu derecha ha¬ 

blando con unas señoritas? 

Cabo No zeñó. 

Cap. Pues es preciso que te fijes en él. (con rudeza.) 

Cabo Pero es que si no güervo la cabesa no me 
pueo fijá. 

Cap. Y si la vuelves lo echas á perder. 

Cabo ¿Y qué vamo jaser? 

Cap. ¡También tienes razón! (pausa.) 

Cabo Mi capitán: mándeme usté doble erecha. 

Cap. ¿Para qué? 

Cabo Mándeme usté; cuando yo lo digo... 

Cap. (con voz de mando.) Doble derecha... deré. 

CABO Un... dos. (Dando la vuelta completa sobre los ta- 

iones; rápido.) ¡Lo filé, lo filé! ¡Es er zeñó Gu¬ 
tierre! 

Cap. El mismo. 

Cabo ¿Y qué? 

Cap. Que tengo sospechas de que ese señor no se 

llama Gutiérrez. 

Cabo ¿Por qué? 

Cap. Porque en los dos días que lleva á bordo, le 
he llamado seis ú ocho veces por su apellido 
y nunca hace caso. 

Cabo Entonse no se vama Gutierre. 

Cap. (Rápido.) Eso digo yo. 

Cabo Se yama Andana. 

Cap. Menos chirigotas y vamos á lo que importa. 

Es preciso que á ese sujeto le vigiles y no 
le pierdas de vista. No quiero llevar á bordo 
gente sospechosa. 

Cabo Así lo haré, mi capitán. 

Cap, Ya sabes la consigna. Puedes retirarte, (vase 

el Capitán por la izquierda con la misma indiferencia 
que entró.) 

Cabo ¡Está mú bien! (vase mirando al señor Gutiérrez.. 

Desde este momento el Cabo entrará y saldrá en es¬ 
cena varias veces, demostrando con la mímica que 
sigue acechando al señor Gutiérrez, hasta que éate 
empieza á sospechar.) 

Pol. (a las viajeras ) Ya lo saben ustedes. Ciento 

cuarenta y siete. Ni una menos. 





— 12 — 


Cam. 

POL. 

Las tres 
Pol. 


V IAJ. 1. a 

Aur. 
Viaj. 2. a 

Aur. 


Viaj. 1. a 
Aur. 


(Entrando con el ser viejo.) Aquí está el Jerez. 

(Al Camarero.) ¡Allá VOy! (A las viajeras.) ¿Uste¬ 
des gustan? 

Muchas gracias. 

Con su permiso. (Levantándose.) (¡Pero qué 
simpática es esta chica!) (se sienta al velador y 
saca un periódico.) 

(a Aurora.) Pues si te casas tan pronto como 
dices tienes que darte prisa. 

¡Ya lo creo! 

¡Pero, qué suerte tienes! ¡Mira que entrar á 
bordo sin novio y salir con dos pretendien¬ 
tes!... 

Con uno, porque no cuento al Doctor. Es 
un tipo ridículo. Manolo ya es otra cosa. 
Todos los días hablamos aquí cuando no 
hay gente y sé que hoy va á pedir mi mano. 
¡Ya era hora! (Aparece don Telesforo por el foro.) 
Pero, silencio, que viene mi padre. 


ESCENA III 

DICHOS y DON TELESFORO, bastante derrotado 

Tel. ¡Aurora, Aurorita! ¿Y tu madre? 

Aur. No la he visto. (Levantándose.) 

Tel. ¡No me extraña! Estos dichosos barcos son 

tan inmensos que cuesta un triunfo encon¬ 
trar á nadie. 

Aur. Estará en la toldilla. 

Tel. Pues anda á ver si la encuentras... (Llevándola 

aparte y casi ai oído.) y dile que apriete al Ca¬ 
pitán. 

Aur, ¿Cómo? (Con sorpresa.) 

Tel. Y si no al contramaestre. 

Aur. ¡No entiendo! 

Tel. No importa, ella lo entenderá. Anda, anda 

y dile que aquí la espero. 

Aur. ¡Bueno! (a sus amigas.) ¿Vamos? 

Las dos Donde quieras, (vanse las tres foro) 

Tel. ¡Dios mío!... ¡Dios mío!... ¡Si encontráramos 

quien nos prestase siquiera diez duros!... 


— 43 — 


POL. 

Tel. 

P©L. 

Tel. 

Pol. 

Tel. 

Pol. 

Tel. 


Pol. 

Tel. 


Pol. 

Tel. 


Pol. 


Tel 


¡Hombre, si está aquí el señor Gutiérrez!... 
(Llamándolo.) Buenos días, señor Gutiérrez... 
(Tarda en contestar.) (Ah, qué es á mí.) ¿Qué 
hay, amigo? ¿Usted gusta? 

Muchas gracias. (Qué lástima que no tenga 
confianza con este señor.) (Se acerca y se sienta 
con él mirando siempre al Jerez y á los bizcochos con 

envidia.) ¿Y qué tal? ¿Se ha descansado? 
Perfectamente. La noche ha sido tranquila. 
La mar parecía una balsa de aceite, así es 
que he dormido como un lirón. 

¡Claro! Como no lleva usted más que dos 
días de viaje, no ha tenido tiempo de abu¬ 
rrirse todavía. 

¿Usted, por lo visto, lleva muchos, eh? 

¡No lo sé! Ya he perdido la cuenta. No sé si 
son veintisiete ó cuarenta y siete. 

¿Y de dónde viene usted? 

De muy lejos. De las repúblicas sud-ameri- 
canas. Me vuelvo otra vez á España, porque 
aquello está perdido. ¡Créame usted! Tan 
cierto como... como esto es un bizcocho (coge 
uno.) que aquello está perdido, (se lo come.) 
(Con intención.) ¿Sí, eh? 

Sí, señor. Yo estaba cesante desde el año 
ochenta y tres, ¿sabe usted? Me dijeron que 
aquello era Jauja; que en América había 
muchísimo dinero; dejé mi modesta habita¬ 
ción de la calle de la Lechuga, me trasladé 
con mi señora y con mi hija, creyendo que 
allí se ataban los perros con longanizas, y al 
llegar nos encontramos... 

(Con la boca nena.) Con que no había longa¬ 
nizas. 

Quiá, con que no había perros; mi chicos ni 
grandes. Créame usted. Tan cierto como... 

(Don Policarpo retira con disimulo la bandeja de los 
bizcochos ) como se lleva usted los bizcochos, 
que aquello está perdido. 

Pues, mire usted, he oído asegurar que en el 
Paraguay hay grandes fortunas. Los Para¬ 
guayos, dicen que son inmensamente ricos. 
Lo serán, lo serán, pero lo que es donde yo 
he estado... Y gracias al cónsul de España 


44 — 


POL. 

Tel. 


Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 


Míe. 

Tel. 


que nos pagó el pasaje; si no, no hubiéra¬ 
mos podido volver. 

(viendo ai cabo.) (Me parece que este cabo me 
acecha.) ¡Vaya! levantándose.) Con su permiso 
me retiro. Voy á dar una vuelta... 

¡Vaya usted con Dios, señor Gutiérrez, vaya 
usted con Dios! (¡No ha dejado ni uno!) (Por 

los bizcochos. Don Policarpo coge el anteojo y vase 
por la derecha, mirando de reojo al cabo. Este le 
sigue.) 

ESCENA IV 

DON TELESFORO y MICAELA por el foro 

¡Telesforo! ¿Me buscabas? 

Sí. (Levantándose.) ¿Qué te ha dicho el Ca¬ 
pitán? 

Que no puede prestamos los diez duros. Que 
bastante hace con permitirnos venir en la 
popa, teniendo pasaje de tercera. 

¿Y el segundo? 

Que tampoco puede. 

¿Y el contramaestre? 

Menos. En fin, he recurrido á toda la tripu¬ 
lación y nada (Durante esta escena entra el cama¬ 
rero, recoge el servicio del Jerez y vase ) 

¡Maldita suerte! ¡Cuándo querrá Dios que 
cambie! ¿Y Aurorita? 

Está sobre cubierta, con sus amigas, hacien¬ 
do ganchillo. 

¡Sí, sí! ¡Más le valdría menos ganchillo y 
más gancho para pescar un novio! 

¡Hombre, no te puedes quejar! En los vein¬ 
tisiete días de travesía ha hecho dos con¬ 
quistas. 

¡Pero, qué conquistas! La una el Doctor de 
á bordo. Hombre empalagoso, si los hay, y 
la otra ese don Manuel; un pobre muchacho 
que no hay más que verle el chaquet que 
lleva para conocer que no tiene una peseta. 
¡Sí, que el tuyo es bonito! (con sorna.) 

Y también se me conoce que no tengo una 
peseta. 


15 — 


Míe. Y á propósito del médico. No sé por qué se 

me figura que ese joven quiere hablarnos de 
boda. 

Tel. ¿Será posible? 

Míe. ¡Y tan posible! Hace dos días que me anda 

rondando, y para mi es que quiere pedirme 
mi consentimiento. 

Tel. (Rápido.) ¿Y tú no se lo negarás? 

Míe. ¡Figúrate! 

Tel. Pues, mira, unos padres celosos por el por¬ 

venir de sus hijos, deben buscar la ocasión... 
de dejarse pedir el consentimiento. Vamos 
á buscar al médico inmediatamente, y como 
el que no quiere la cosa... 

Míe. ¿Y por dónde andará el Doctor? ¡Es tan difí¬ 
cil encontrar á nadie en estas embarcacio¬ 
nes tan grandes!... 

Tel. ¡No importa! Vamos á buscar al médico, y á 

que nos pida la mano de la niña. ¡Vamos! 
(Medio mutis.) ¡Me ocurre una idea! ¿No pade¬ 
ces tú del hígado? 

Míe. Sí. 

Tel. Pues si no le encontramos pronto, te pones 

enferma, le llamamos, te receta, nos pide la 
mano, y matamos dos hígados de un pájaro. 

Míe. ¿Cómo? 

Tel. Digo, matamos dos tiros de un hígado. Va¬ 

mos, que no sé lo que me digo, (vans® por el 
foro derecha.) 

ESCENA V 

AURORA y MANUEL; luego DON POLICARPO y EL CABO. Salen 

Manuel por la derecha y Aurora por la izquierda, con misterio, y 

como si hubieran estado esperando que salieran los personajes d« 

la escena anterior 

Música 

¡Ya estamos solos! 

¡Gracias á Dios! 

¡ Por fin podremos 
hablar los dos! 


Man. 

Aur. 

Man. 




— 16 — 


Aur. 

¡Ven á mis brazos, 
mi dulce bien! 

Ten más cuidado (separándose.) 

Man. 

por si nos ven. 

¡No tengas miedo!... 

Aur. 

¡Sé más prudente! 

Man. 

¡Si estamos solos!... 

Aur. 

¡Que viene gente! (Alarmada.) 

Man. 

Pues disimula, (separándose.) 

Aur. 

¡ChitÓn! (Afectando indiferencia.) 

Man. 

¡ChitÓn! (ídem ) 

POL. 

(Por la derecha.) 


¡¡Qué inaguantable 


persecución!! 

(Aurora y Manuel se alejan con indiferencia, tararean¬ 
do y haciéndose los distraídos. Don Policarpo cruza 
la escena y se dirige hacia la izquierda y el Cabo de¬ 
trás. Al llegar á la izquierda, y como para chasquear 
al Cabo, se vuelve de repente y se dirige al foro, por 
donde hace mutis. El Cabo siempre detrás. Cuando Au¬ 
rora y Manuel ven que han salido aquellos personajes 
bajan al proscenio y vuelven á reunirse lo mismo que 
al principio. Cuídese el juego escénico.) 


Man. 

¡Ya se han marchado! 

Aur. 

¡Gracias á Dios! 

Man. 

¡Por fin podemos 
hablar los dos! 

Aur. 

¡Ven á mi lado! 

Man. 

\ a estoy aquí. (Acercándose.) 
Dime: ¿me quieres? 

Aur. 

Más que tú á mí. 

Man. 

¿Ves esa mar potente y fiera 


que ruge airada 
bajo tus piés? 


¡pues tan inmenso y tan profundo 
es el cariño 
que te juré! 

Desde el feliz, dichoso día 
que por mi suerte 
te conocí, 


47 — 


llevo tu imagen, vida mía, 
constantemente 
grabada aquí. 


Aur. 


¿Ves ese cielo transparente 
por donde cruza 
brillante el sol? 

¡pues es tan puro y tan inmenso 
como ese cielo, 
mi eterno amor! 

Desde el feliz, dichoso día 
que el alma mía 
te consagré, 

ni un sólo instante tu recuerdo 
de mi memoria 
lo separé. 


Man. 


Aur. 


Si me quieres complacer, 
ven mis penas á calmar, 
que es inmenso mi querer, 
tan inmenso como el mar. 
Pues te quiero complacer 
yo tu pena be de calmar, 
que es inmenso mi querer 
tan inmenso como el mar. 


Man. 

Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 


¡Sólo una duda en mí se agita!... 

¿Cuál puede ser? 

Ver que el Doctor te solicita. 

¡No hay que temer! 

Que aunque él se empeñe en perseguirme. 
¿Dirás que no? 

Que en el querer siempre soy firme. 

¡Igual soy yo! 

¡Si en mi cariño tienes fe, 
no dudes ya, mi dulce bien! 

¡En tu cariño tengo fe! 

¡No dudo va, mi dulce bien! 


2 





Los DOS 


Man. 

Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 

Auk. 

Man. 

Aur. 

Man. 


Aur. 
Man . 

Aur. 

Man. 


Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 


Muy pronto, bien mío, 
mi vida y tu vida 
con lazo bendito 
por siempre unirán, 
y entonces dichosos 
por fin gozaremos 
inmensos raudales 
de felicidad. 


; Ay,, qué placer! 

¡Ay, qué placer 1 
¡Muy pronto seremos 
marido y mujer! 

Hablado 

¡Aurora mía! ¿Es verdad que me quieres 
tanto como dices? 

Con toda mi alma. ¿Lo has dudado algu¬ 
na vez? 

No; pero como el Doctor... 

¡Quién hace caso de ese títere!... 

Sin embargo, él es rico... y yo... 

Te prohibo que me hables de eso. 

¿Es decir que, para tí, la riqueza es lo de 
menos? 

Ya lo sabes que sí. 

(En un arranque.) Yaya, pues ya que estoy 
convencido de tu cariño, voy á darte una 
sorpresa... y una alegría. 

¿Qué dices? 

Tú has creído, hasta ahora, que yo era po¬ 
bre, ¿no es cierto? 

Sí. 

¿Y sin embargo, no has vacilado para que¬ 
rerme? Pues bien, Aurora, la sorpresa que 
te preparaba, es decirte... que soy rico. 
¿Cómo? 

¡Muy rico! 

¿Pero eso es cierto? 

Ya lo creo; y si alguna duda podía caberme, 
esta misma mañana ha quedado desvane¬ 
cida. 



Aur. 

Man. 


Aur. 

Man. 


Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 

Aur. 


— 19 — 

Pero, explícate... 

No me preguntes más. Ya te contaré despa¬ 
cio la historia, que tiene mucho de novela. 
Ahora sólo te pido un favor. 

¿Cuál? 

Que tus padres ignoren por completo mi 
verdadera posición hasta que sepa yo si me 
conceden ó no tu mano. Quiero prepararles 
la misma sorpresa. 

¡Qué bueno eres! 

¿Me juras no decirles ni una palabra? 

¡Te lo juro! 

¡Gracias, Aurora, gracias! Lo demás es cuen¬ 
ta mía. ¡Hasta luego! (vase segunda izquierda.) 

¡Adiós! 

ESCENA VI 

AURORA 

¡Dios mío! ¡Voy á ser rica! ¡Qué alegría! 

Música 

No sé qué mágica emoción 
siento en mi pecho palpitar, 
al ver que toda mi ilusión 
se va, por fin, á realizar. 

Con la fortuna que ignoré, 
mi vida empieza á sonreír 
y la ilusión con que soñé 
me ofrece alegre porvenir. 

No es tanta dicha, 
vana quimera. 

Es venturosa 
realidad, 

que el alma inunda 
con sus encantos, 
de inexplicable 
felicidad. 




— 20 


\ 


Su confesión al escuchar 
me inunda el alma de placer, 
y á su cariño singular 
sabrá mi amor corresponder. 
Yo, enamorada, le creí 
sin sospechar su situación, 
y hoy la fortuna llega á mí 
colmando toda mi ambición. 


No es tanta dicha, 
vana quimera, etc. 

Hablado 

VlAJ. 1. a (Asomando por la derecliad ¡Aquí está, aquí está! 
Viaj. 2. a ¡Aurora! ¿No vienes? 

Aur. ¡Voy, voy! 

VlAJ. 1. a ¡Ah! Ya Comprendo... (Con intención. Vanse las 
tres.) 


ESCENA VII 

DOÑA MICAELA, DON TELESFORO y EL DOCTOR, por el foro 

Tel. ¡Vaya, vaya con el Doctor!... (1) 

Míe. Crea usted que nosotros nos honraremos 
mucho con ello, don Doroteo. 

DoC. (Con acento americano.) Si 110 lile llamo Doi’O-teO; 

me llamo al revés; Teo-doro. 

Tel. No le extrañe á usted; es que mi mujer todo 

lo entiende al revés. 

Doc. De todos modos, yo lo agradesco mucho. 

¿Un caramelito? (ofreciéndoles.) ¡Son de piñal 

Tel. ¡Gracias! (Tomándolo.) ¡Y diga usted! ¿Usted 

sabe si nuestra hija le quiere? 

Doc. No lo sé, ¿pero qué importa? En mi país, 

los novios se ponen de acuerdo primero con 
los padres. ¡Es una costumbre! 

Tel. Tiene usted razón. (Abrazándole.) 


(l) Derecha á izquierda. Doña Micaela, Don Telesforo, Doctor. 



— 21 — 


Doc. Y en la siíuasión de ustedes, es mejor ha¬ 
blar con franquesa. 

Míe. (Bajo á don Teiesforo.) (¿Quién le habrá dicho 

nuestra situación?) 

Tel. (Bajo á doña Micaela.) (¡El chaquet hija, el cha¬ 

quet!) (Por el suyo.) 

Doc. ¿Un caramelito?... Son de plátano. 

MlC. (Tomándole otra vez.) ¡Gracias! 

Tel. (¡Y van dos!) 

Doc. Pues sí, señores. Yo soy doctor en medisi- 

na; soy paraguayo... 

Tel. (¡Paraguayo! ¡Qué fortuna! ¡Será millonario!) 

(sigue preocupado siu hacer caso de la conversa¬ 
ción.) (1) 

Doc. Me gasta mucho la niña, deseo haserla felis 

y quiero casarme para eso! (come un caramelo.) 

Míe. (a don xeiesforo.) (¿Para qué ha dicho?) 

Tel. (con asombro.) (¡Paraguayo!) 

Míe. (¡Para eso querrá casarse! ¡Pobrecita!) 

Doc. Díganme, ¿á la niña le gustan los meren¬ 

gues? 

Tel. Sí, señor, pero le gusta más la ternera. 

Doc. ¡Eso es prosa! Y para el amor es más dulse 

el dulse. Voy á prepararle unos merenguitos 
al estilo de mi país. Ya verán qué sabrosos. 
Con que... señores, yo me retiro dándoles de 
nuevo... (Les da la mano.) 

Tel. (Rápido ) No, no queremos más caramelos. 

Doc. Dándoles de nuevo las grasias. Plasta luego. 

Tel. ¡ Vaya usted con Dios, señor Doctor! 

Míe. ¡Vaya usted con Dios, don Doroteo! (se despi¬ 

den muy cariñosos.) 

Doc. Al revés, señora, al revés, (vase primera iz¬ 

quierda.) 


ESCENA VIII 

DON TELESFORO, DOÑA MICAELA y POMPOLINI, por la derecha 

Tel. (con alegría.) ¡Micaela! ¡Todo nos salea pedir 

de boca! 

Míe. ¿Y será rico el Doctor? 


O) De derecha á izquierda. Don Telesforo, doña Micaela, Doctor- 



— 52 


Tel. ¡Qué se yo! Por de pronto tiene una carrera,. 

y al lado de don Manuel que es un pobre 
diablo... 

Míe. ¡Tienes razón! A ese don Manuel hay que 

ponerle de patitas en la calle. 

Tel. ¡Qué calle! ¡Nunca te acuerdas que vamos á 

bordo! 

Míe. ¡Es verdad! Hay que ponerle de patitas en 

el agua. 

POMP. (Saliendo y haciendo muchas reverencias exageradas.) 

Perdónate siñori, ma io quisiera parlare d’ 
un asunto molto interesantísimo per mé, é 
molto interesantísimo per voi. 

Tel. ¡Calle! El pasajero del número 47. 

Míe. ¡El italiano! (¿Qué querrá este tipo?) 

Pomp. ¿Voi sapete qui sono io? lo sono Griu«epe 

Pompolini, é vengo á dimandarli il íavore 
de que... interpongan la sua influenza con 
il amoroso... il... il novio de la sua filia. De 
la siñorina Aurora. 

Tel. ¿Que influyamos con el novio de nuestra 

hija?- 

Pomp. Sí; con il siñor Emanuele de Tabla... diglio. 

Tel. (Muy irritado.) ¡Oiga usted! 

Pomp. ¿Qué? 

Tel. Que ese señor don Emanuele, como usted la- 

llama, no es el novio de la mía filia , ni mu¬ 
chísimo menos. 

Míe. Eso es; ¡no faltaba más! (Muy enfadada.) 

Tel. Se guardará muy bien. (ídem.) 

Pomp. ¿E per qué?... 

Tel. Porque ese don Emanuele, es un... es un... 

(Cómo lo diría yo para que lo entendiese- 
este hombre...) Es un... pelagatis. 

Pomp. ¿Pelagatis? 

Tel. Sí; ¿no avete reparado en el chaquete que lle¬ 

va, todo desfilachati y molto brillante, sobre¬ 
todo per les codis ?... 

Pomp. ¡Ah! ¡Oh! ¿Alora voi non sapete il secreto? 

Tel. ¿Qué secreto? 

Pomp. Cuelo d’il brilante. 

Tel. ¿Qué brillante, el de los codos? 

Pomp. No; ¡il mañífico brilante qui aporta d'il Brasil,. 

e que vale un tesoro! ¡Una inmensa fortuna!: 


— 23 — 


Tel. 

Míe. 

POMP. 

Tel. 


POMP. 


Tel. 

Míe. 

Tel. 

POMP. 

Tel. 

POMP. 


Tel. 

PüMP. 

Tel. 

POMP. 

Míe. 

POMP. 


Tel. 


¿Qué? (Con ansiedad.) 

lo credeba qui come patre de la sua... no¬ 
via... ma si non e novio... (Queriendo retirarse.) 
(Deteniéndole.) ¡Eh! ¡Vamos por partes, vamos 
por partes! (Hace señas de, inteligencia á doña Mi¬ 
caela.) Como novio... no es novio... es decir... 
sí es novio... ¿sabe usted?... pero es un no¬ 
vio... que no es novio... ¿Avete compren¬ 
dido? 

¡Non, siñore! Conochutamente cuelo del 
brilante e un secreto é io sentiría que la mía 
indiscrechione... perdónate... (Queriendo mar¬ 
charse ) 

No, no es indiscreción; diga usted lo que 
quiera. 

(a don Telesforo, con mucha alegría.) (¡Telesforo!) 
(Cállate, cállate; á este le vamos á sonsacar.) 
Bueno, ¿y qué es lo que usted quería? 
lo quería... comprare cuelo mañífico ejem- 
p]are, per que io S0110...(sin encontrar la palabra.) 

¿Qué es usted? 

Io sono... vamos... non so come si diche en 
español... Io sono de .. cuesti siñori qui co¬ 
rre... qui corre... con alhajas é brillanti é 
alfileri... 

¿Que corre con alhajas? Ya sé lo que es us¬ 
ted. ¡Ratero! 

(indignado ) ¿Come ratero, siñore? 

Bueno, raterini, lo mismo da. 

¡Oh, no, no!... 

Lo que este señor quiere decir es corredor 
de alhajas. 

¡Cuelo que diche la siñora! Io sono ripresen- 
tante d’una gran casa di Venezia. ¡La prima 
casa d’Italia! é corro las chincue parti del 
mondo, comprando pietras presiosas, obehe- 
ti artísticos é curiositates históricas. En Ale¬ 
mania... ¡Oh! en Alemania io ó pagatoñ un 
ilustre pintore per un cuadro, únicamente 
per un cuadro, veintichincuemile setechenti 
ochenta marcos. 

(Muchos marcos me parecen para un solo 
cuadro.) 


— 24 


Pomp. E ahora ritorno d’América, dove ó compra- 
to brilanti, esmeraldas é topachios. O fato 
mañífichi negochios, ma mi falta il piú 
grande, il piú stupendo di tuti. lo nesesito 
cuel brilante de don Emanuele é sono dis¬ 
posto á pagarlo caro, (con mucho entusiasmo.) 
¡Gran Dio! ¡¡Cuel brilante!! ¿Cuelo di la co¬ 
rona del imperatore di Rusia?... (con mucho 
desprecio.) ¡Niente! ¡Non vale niente! ¿Cuelo 
di la eororm di la rechina d’ínguilterra?... 
¡Niente! ¡Non vale niente! ¿II rediente?... ¿II 
chélebre rediente?... 

Tel. (imitándole la voz.) ¡Niente! ¡Non vale niente! 

Míe. (a don Teiesforo.) (Se conoce que tiene una for¬ 

tuna el tal don Manuel.) 

Tel. ¿Bueno, y usted ha visto ese portento? 

Pomp. ¡Oh, sí siñore, ma non quiere venderlo has¬ 
ta ritornare á Españia! ¡Oh, poverino Ema¬ 
nuele! ¡En Españia non ha denaro per com¬ 
prare esa joya! lo sono disposto á pagarli 
prontamente, cuaranta mile duri. 

Míe. (¡Cuarenta mil duros!) (con asombro.) 

Pomp. lo so qui va á demandarli la mano de la 
vostra ñlia, é io desideraba qui voi li anima- 
si per que mi venda il brilante. 

Tel. (¿Cuarenta mil duros y va á pedirnos la 

mano?...) (eon decisión.) ¡Lo venderá! ¡No le 
quepa á usted duda, lo venderemos! (Dándole 
la mano.) 

Pomp. (Muy alegre y dándole la mano.) ¡Oh grachie tan- 
te! Perdónate la mía indiscrechione é guár¬ 
date il Secreto. (Hace muchas cortesías.) Sempre 
riconochuto... é agradechuto... é a la sua dis- 
posichione. (vase haciendo reverencias. Medio mu¬ 
tis.) ¡Adío! ¡Adío!.... 

Tel. ¡Vaya usted con Dios! 

Pomp. (volviendo ) ¡Ah! Non olvidarsi que io lo paga¬ 
ré... con creces. (Vase lo mismo.) 

Tel. (Rápido.) No, con lo que hace falta que lo pa¬ 

gue es con dinero. 

Míe. ¿Qué me dices á esto? 

Tel. Que vamos viento en popa y no debemos 

perder esta ganga. 

Míe. ¡Naturalmente! 


— 25 — 


Tel. Cuarenta mil duros y va á pedirnos la mano 

de Aurora... ¡Nada, es cosa hecha! 

Míe. ¿Y qué vamos á hacer con el otro? 

Tel. ¿Con el paraguayo? 

Míe. Sí, con el Doctor. 

Tel. • Se le saca cualquier pretexto razonable. Le 
diremos que... que no nos conviene. ¡Más 
razonable!... 

Míe. La verdad es que á mí no me era del todo 

simpático el tal paragüero. 

Tel. ¡Paraguayo, mujer, paraguayo! Todo lo en¬ 

tiendes al revés. Anda, ve á buscarle y dile 
lo que se te ocurra. 

MlC. ¡Allá VOy! (ai salir ve á Manuel que llega por la 

segunda izquierda.) ¡A} r ! aquí viene. 

Tel. ¿El Doctor? 

Míe. No, don Manuel. ¿Vendráá pedirnos?... 

Tel. Quédate por si acaso y diplomacia; mucha 

diplomacia y que no sospeche que sabemos 
lo del brillante. 


ESCENA IX 

DICHOS y MANUEL, segunda izquierda 

Man. (Aquí están.) (con mucha cortedad.) Muy bue¬ 

nos días, señores. 

Tel. (con cariño.) ¡Hola, don Manolito! (Manuel se 

acerca á una silla y deja sobro ella el sombrero ) 

Míe. (a don Teiesforo.) (No le llames Manolito toda¬ 

vía, que puede sospechar.) 

Tel. (¡Es verdad!) ¿Cómo vamos, don Manuel? 

Man. ¡Perfectamente! ¡Señora! (saludando.) Celebro 

la casualidad de encontrarlos solos... porque 
quisiera hablar con ustedes... 

Tel. (a Micaela.) (¡Se arranca, se arranca!) 

Man. Ustedes... no sospecharán, seguramente... 

Míe. (Rápido.).Nada; nosotros no sospechamos nada. 

Man. Así es que no me atrevo... 

Tel. ¡Atrévase usted, joven, atrévase usted! 

Man. (vacilando.) El caso es... que... 

Tel. (a Micaela.) (¡Verás qué golpe de efecto!) 

Vamos á ver, don Manuel... Yo sé lo costo- 







— 26 


sos que son estos viajes tan largos, así es 
que entre compañeros... con franqueza... 
¿Es que necesita usted dinero?... ¿Quiere 
usted alguna cantidad?... (Llevándose la mano 
ni bolsillo, como para sacar la cartera.) 

Man. No, no es eso. 

Tel. Porque si fuera eso, ya lo sabe usted; todo 

lo que yo tengo, absolutamente todo, está á 
su disposición. (No me corro mucho.) 

Man. Muchas gracias, don Telesforo. Mi situa¬ 
ción, desgraciadamente, no es desahogada, 
ni mucho menos, pero jamás me tomaría 
yo esa libertad, (con naturalidad.) Eso de pe¬ 
dir dinero prestado, es de gente de poca 
vergüenza. 

Tel. (con intención.) Es verdad, de muy poca ver¬ 

güenza. (a Micaela.) (Nos está poniendo bue¬ 
nos.) 

Man. Y ese es el motivo... porque yo no sé cómo 
lo temarán ustedes... 

Tel. Muy bien, pero acabe usted. ¿De qué se 

trata? 

Man. Yo amo á Aurora, (con miedo.) 

Tel. ¡Hombre! 

Man. Y Aurora me ama. 

Míe. ¿Sí, eh? Pues, mire usted, no sabíamos nada. 

Man. Nosotros quisiéramos casarnos; pero como 

he empezado por decirles á ustedes mi ver¬ 
dadera situación... no sé si ustedes... 

Tel. ¡Ah! ¿Pero ese era el miedo?... (con mucho cari- 

ño.) Venga usted acá, hombre; venga usted 
acá. Usted no nos conoce, ¿verdad, Micaela? 

Míe. ¡Claro! No nos conoce usted bien... (todavía.) 

(Con intención.) 

Tel. ¡Pensar que por no tener dinero íbamos á 

oponernos á... 

Man. ¿Qué quiere usted? ¡Yo creía!... 

Tel. (Reconviniéndole.) ¡Mal creído! Esa sospecha 

de usted nos ofende, ¿verdad, Micaela? 

Míe. Nos ofende muchísimo. 

Man. (¡Es muy buena gente! No me equivocaba.) 

Tel. ¡Que no tiene usted dinero! ¿Y qué? Yo 

tampoco tenía un cuarto cuando me casé 
con ésta, y hoy... hoy... 


— Tí — 


Míe. (Seguimos sin un cuarto.) 

r l el. Nada, siendo á gusto de Aurorita, desde 

luego aprobamos este matrimonio. (Hace se¬ 
ñas de inteligencia á Micaela.) 

Man. ¡Muchas gracias! (Me dan ganas de decir¬ 
les... pero no.) 

Tel. Lo principal es que ustedes se quieran. Us¬ 

ted tiene un porvenir muy... brillante , (Le- 
tira del vestido á Micaela.) y COlique Sea bueno... 
(a Manuel.) y cariñoso con ella... nos redon¬ 
deamos... 

Man. 1 ¿Eh? 

Tel. ¡De satisfacción! 

Man. Lo seré, lo seré y juro hacerla feliz. 

Tel. (a Micaela, bajo.) (Ahora debemos entriste¬ 

cernos.) 

Míe. (ídem.) (Tienes razón.) 

Tel. Por lo demás, ¡crea usted que tenemos una 

pena muy grande!... (sacando el pañuelo.) 

Míe. ¡Un horrible desconsuelo!... (ídem.) 

Tel. (Gimoteando.) ¡Separarnos de nuestra hija!... 

Míe. ¡Pobre hija mía! (Llorando.) 

Tel. ¡Tan buena! (ídem.) 

Míe. ¡Tan bonita! (id) 

Tel, ¡Y tan barata, digo, tan económica! 

Man. (colocándose en medio.) Vamos, vamos, no afli¬ 

girse por eso. Aurora será dichosa, ¡y qué 
demonio! ¿Quién sabe el porvenir que le 
espera? (¡Si supieran que va á ser rica!...) 

Tel. (Gimoteando ) Sin embargo, permita usted que 

nos desahoguemos. ¡Estamos tan ahogados!..» 

Míe. (eu su voz natural. ^ (Eso sí que es verdad.) 

Man. Vaya, tranquilícense. Voy á buscar á Auro¬ 

rita y á darle la noticia, que la llenará de 
alegría. Hasta luego. 

Tel. ¡Adiós, hijo mío! ¡Pero conste que nos deja 

usted sumidos en el más amargo de los do¬ 
lores!.. (Vase Manuel segunda izquierda, y ellos se 
quedan lloriqueando hasta que ven que ha salido de 
escena.) 

Tel. (Con mucha alegría.) ¡Ay, Micaela! (Transición.) 

Míe. (Rápido.) ¡Telesíoro! 

Tel. (id em. ) ¡Somos felices! 

Míe. (id.) ¡Qué alegría! 








— 28 


Tel. (Rápido.) ¡Vamos á ser ricos! 

Míe. (ía.) ¡La felicidad se nos ha entrado por las 

puertas de casa! 

Tel. ¡Qué casa! ¡Nunca te acuerdas que estamos 

á bordo! 

Míe. ¡Es verdad; se nos ha entrado por la popa! 

Tel. Ya verás; en cuanto lleguemos á Cádiz... 

¡juergal 

Míe. ¡Muy bien hecho!... ¡juerga! 

Tel. ¡Viva la alegría y viva Cádiz! 

MlC. ¡Viva! (Cantando y bailando con mucha alegría.) 

«De Cádiz al Puerto 
un salto pegué, 
tan sólo por verte 
la punta del pie.» 

Man. (sorprendiéndoles.) ¡Bravo, bravo! 

¡Ay! (se quedan en actitud cómica.) 

Man. Se me olvidaba el sombrero, (cogiéndolo de 

encima de la silla.) Se conoce que han reflexio¬ 
nado ustedes, y han visto que no hay mo¬ 

tivo para afligirse. 

Tel. (Azorado.) Sí, eso... eso... pero vamos á buscar 

á la niña y á darle la noticia. 

Man. ¡Vamos! (Sale delante.) 

Tel. (Bajo á Micaela.) Tú encárgate del doctor, y 

dile que no hay nada de lo dicho. 

Míe. ¡ Veré cómo me las compongo! (vanse detrás de 

Manuel.) 

ESCENA X 

DON POLICARPO y EL CAPITÁN segunda derecha y como diri¬ 
giéndose á la primera izquierda 

Cap. ¡Allá voy! ¡Allá voy á dar órdenes! (a don 

Poiicarpo.) Dígame pronto lo que sea, porque 
tengo mucha prisa. 

Pol. Mire usted, señor Capitán; ahora que no 

nos oye nadie, voy á hacerle á usted confe¬ 
sión general. 

Cap. Pero cortita, ¿eh? cortita. (sacando el reloj.) 

Pol. Yo estoy muy escamado, porque he visto 



— 29 — 


que en los dos días que llevo á bordo me he 
hecho sospechoso. 

Cap. ¡Es verdad! ¡Y con mucha razón! 

Pol. Y eso de tener constantemente un espía 

como el de Los Madgyares , no me hace nin¬ 
guna gracia. 

Cap. ¡Pues diga usted quién es! 

Pol. Para eso le he llamado, (lo lleva á un lado.) 

Mire usted, yo no me llamo Gutiérrez. 

Cap. ¡Ya lo sospechaba yo! 

Pol, Mi verdadero nombre es Policarpo Ta- 

bladillo, y ahora le voy á explicar el por 
qué he entrado hace dos días á bordo de 
este vapor con nombre supuesto, (lo lleva ai 

otro lado de la escena. El Capitán saca otra vez el 

reloj.) Hace treinta y cuatro años... 

Cap. (con rudeza.) ¡Hombre, no lo tome usted tan 

atrás. 

Pol. Bueno, pues yo soy viudo y rico. 

Cap. Por muchos años. 

Pol. Gracias. Y no tengo más parientes en el 

mundo que un sobrino, hijo de mi herma¬ 
no Nicolás. 

Cap. Bueno, bueno... (con impaciencia.) 

Pol. Mi hermano Nicolás, buscando fortuna, se 

marchó á América hace treinta y/cuatro 
años. Al poco tiempo de llegar se casó con 
una americana guapísima, á juzgar por el 
retrato; esbelta y delgada como una pal¬ 
mera... porque ha de saber usted que á mí 
me han gustado mucho toda la vida las 
palmeras, digo, las delgadas, (ei Capitán se 
impacienta.) ¡Qué mujer! ¡Qué ojos! ¡Qué cara! 
Una mujer, en fin, que había que mirarla 
despacio... ¡pero muy despacio! 

Cap. (sacando el reloj.) Pues ahora no puede ser, 

porque tengo prisa. 

Pol 0 De este matrimonio nació un niño, que es 

mi sobrino. 

Cap. ¡Naturalmente! 

Pol. A los pocos años murió mi hermano Nico¬ 

lás; más tarde murió su señora; total, que 
mi sobrino quedó huérfano y pobre. Pasa¬ 
ron los años, y como yo no tengo parientes 


30 — 


le llamé á mi lado. Me escribió que venía 
en este barco, y antes de que llegara á Es¬ 
paña, y queriendo averiguar qué clase de 
muchacho era, y si merecía ó no mi protec¬ 
ción, me dije: «Voy á un puerto de la trave¬ 
sía, me meto en el barco con nombre su¬ 
puesto, y como no me conoce, puedo obser¬ 
var de cerca su conducta.» 

€ap. ¡Muy bien pensado! ¿Y ha visto usted al tal 

sujeto? 

Fol. Sí, señor; pero aún no me he dado á cono¬ 

cer ¡Como que es don Manolito Tabladillo! 

Cap. (con naturalidad ) ¿El del brillante? 

Pol. (sorprendido ) ¿Cómo el del brillante? 

Oap. ¡Ah, pero tampoco usted está enterado del 

secreto? 

Pol. Hombre, si es un secreto, ¿cómo quiere us¬ 

ted que esté enterado? 

Cap. Bueno, pues se lo diré... en secreto. Ese jo¬ 

ven que parece .. un pobrecito, trae del Bra¬ 
sil un brillante que vale ¡una fortuna! 

Pol. ¡Demonio! ¡Y yo que le creía en la miseria! 

Cap. En la miseria, ¿eh? No ha encontrado mala 

ganga esa niña. 

Pol. ¿Qué niña? 

Cap. Su novia: Aurora. 

Pol. La niña simpática. 

Cap. Como que -piensan casarse en cuanto llegue¬ 

mos á Cádiz. 

POL. Pero, explíqueme usted. (Con gran ansiedad.) 

Cap. Ahora no puedo, tengo prisa 

Pol. ¡Pobre Manolito! ¡Lo van á explotar! 

Cap. Me parece que sí, porque hay un italiano... 

^(indicando que ha visto negocio.) 

Pol. (Y yo no lo debo consentir.) ¡Ah, qué idea 

se me ha ocurrido! ¿Quiere usted ayudarme? 

Cap. Sí, señor. Basta la sinceridad con que me 

ha hablado... ¡Pero ahora!... 

Pol. Vámonos 3^ le explicaré lo que me ha ocu¬ 

rrido. 

Cap. Andando. (Vause primera izquierda.) ¡Allá VOy! 

(Adentro.) 


— 31 — 


CORO 


ESCENA XI 


CORO GENERAL. Viajeros 


(^Sa)en por distintos lados, hablando unos con otros y 
como cuchicheando.) 

música 

¡Todo se ha sabido! 

¡Ya se ha averiguado, 
por qué el matrimonio 
está concertado; 
y aunque ella es muy guapa 
y muy pobre es él, 
cómo es que se casan 
Aurora y Manuel. 


(Formando corrillos.) 

Dicen que su novio trae del Brasil 
un brillante claro tan fenomenal, 
que es lo más hermoso que salió de allí, 
y que vale por lo menos 
un inmenso capital. 

Dicen, del tamaño, que es como una nuez 
y con unas luces de tal resplandor, 
que hay que colocarse, si las quieren ver, 
dos cristales muy ahumados 
como para ver el sol. 

¡Ay, qué pedacito 
tan bonito 
de cristal! 

¡Qué chiquirrititol 
¡No tiene rival! 

¡Qué dichoso fuera 
si tuviera 
yo otro así! 






DICHOS 


Tel. 


Todos 

Tel. 


Todos 

Míe. 

Tel. 

POMP. 

Tel. 


¡Qué chiquirritito! 
¡Vale un potosí! 


¡Qué dichoso fuera! 
¡Qué satisfacción! 

¡ Pues con ser pequeño 
bien vale un millón! 


¡Ay, qué pedacito 
tan bonito 
de cristal, etc. 

Pero, chitón! 

¡chitón! ¡chitón! 
no lleguen y sorprendan 
nuestra conversación. 

(Vanse retirando hacia el foro poco á poco.) 

ESCENA XII 

y DOÑA MICAELA, AURORA, DON TELESFORO, MANUEL 
y POMPOLINI 

(ai coro general.) ¡Señores! Tenemos una ver¬ 
dadera satisfacción en participar á nuestros 
queridos compañeros de viaje, el proyectado 
matrimonio de nuestra hija Aurora, con el 
distinguido joven don Manuel Tabladillo. 
¡Bravo! ¡Muy bien! ¡Enhorabuena! 

La ceremonia se verificará tan pronto como 
lleguemos á Cádiz. Todos ustedes quedan 
invitados desde este momento, y hoy, por el 
pronto, propongo que se beba en el almuer¬ 
zo, una copa de champagne , á la salud de los 
novios 

¡Aceptado, aceptado! 

(a Tciesforo.) (¿Y quién la va á pagar?) 

(¿Yo qué sé?) 

Cuesto é una buona idea. ¡lo pago il cham¬ 
paña! 

(a Micaela.) (¿Lo ves? ¡Ya cayó un primo!) 
(Murmullos de aprobación.) 


33 — 


V iaj. 2. a (ai coro.) Y ahora, señores, dejémosles solos. 
Viaj. 1. a ¡Es claro, tendrán que hablar! 

VlAJ. 2. a (Al coro.) Vámonos (vanse todos despidiéndose y 
felicitando á los novios.) 

ESCENA XIII 

DICHOS, menos el CORO GENERAL (1) 

¡Ea, ya estamos solos! 

¡Gracias á Dios! 

(a Manuel.) ¿Pero quién nos había de haber 
dicho que iba usted á resultar á última hora 
dueño de un tesoro semejante? 

¡Oh! ¡E qui vale un gran capitale! 

¡Veamos, veamos esa piedra! 

¿A ver, á ver? 

¡Ya tengo yo curiosidad de verla! 

Aquí está, (saca del bolsillo un estuche pequeño 
dentro del cual estará la piedra. Dándoselo á Aurora.) 

Este es mi regalo de boda, y desde este mo¬ 
mento es tuyo. 

(Abre la cajita y todos le rodean.) ¡Qué precioso! 
¡¡Magnífico!! (con asombro.) 

¡¡Soberbio!! (Yo no entiendo de brillantes, 
pero debe de ser soberbio.) 

¡Oh! ¡Qué puresa! Cuesto vale un milione 
di ríales. 

(¡Un millón!) 

ESCENA XIV 

* 

DICHOS, CAPITÁN y DON POLICARPO primera izquierda 

Cap. Aquí están. ¡Señores! (saludando.) ( 2 ) Sabíamos 

que estaban ustedes reunidos aquí, y apro¬ 
vechando la ocasión, me tomo la libertad 
de presentarles al señor Gutiérrez, inteli¬ 
gente joyero, que desea conocer esa piedra. 

(1) Pompolini, Manuel, Aurora, doña Micaela, don Telesforo. 

( 2 ) Pompolini, Manuel, Aurora, don Policarpo, don Telesforo, 
Capitán, Micaela. 


Míe. 

Aur. 

Tel. 


PoMP. 

Tel. 

Míe. 

Aur. 

Man. 


Aur. 

Míe. 

Tel. 

POMP. 

Todos 


3 





34 — 


Tel. 

POL. 

Man. 

POMP. 

POL. 


Man. 

POMP. 


Cap. 

Tel. 

Pol. 

Aur. 


Pol. 

Tel. 

Pol. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Man. 

Aur. 

Pol. 

Todos 

Pol. 

Todos 


Tel. 

Míe. 


Hombre, ¿conque es usted inteligente? 
Tengo cierta reputación. 

¡Cuánto celebro esta casualidad! 

Carísimo com pañi ero. (saludando.) 

(Á Manuel.) Ha llegado á mi noticia que 
piensa usted vender una magnífica piedra 
y me he tomado la libertad... porque... 
¿quién sabe? pudiera convenirme... y cuan¬ 
tos más compradores... (Mirando á Pompolini.) 
Tiene usted mucha razón. 

(¡Cuesto signor é mi lávale! ¡Ah!) (Haciendo 

un gesto de contrariedad.) 

Con permiso de ustedes, yo me retiro, (vase.) 
¡Vaya usted con Dios! 

Veamos, veamos esa joya. (1) 

Aquí está. (Presentándole la cajita. Don Policarpo 
limpia las gafas, se las pone, coge la cajita con el bri¬ 
llante y dice, adelantándose y con gran sorpresa. 
Gran espectación en todos.) 

(¡Demonio! ¡Esto vale un dineral!) 

(Bajo á don Policarpo.) (¿Y qué opina Usted?) 
(Los voy á poner á prueba.) Pues es un... (Le 

habla al oído.) 

(¡DÍOS mío, de roca!) (con gran desconsuelo.) 
(Bajo á don Telesforo.) ¿Qué ha dicho? 

Que es un... (Le habla al oído.) 

¿Un qué? 

Un... (Vuelve á hablarle al oído.) 

(¡De vaso! ¡Virgen Santísima!) 

¿Pero sepamos? 

¿Qué es? (¿Qué dirá?) 

(con gran solemnidad.) Señores... este brillante... 
¿Qué? 

¡Es falso! 

¡Oh! 

música 

¡Qué decepción! 

¡Qué atrocidad! 

(¡Nos ha partido 
por la mitad!) 


(l) De derecha á izquierda del actor: Pompolini, Manuel, Au¬ 
rora, don Policarpo, don Telesforo y doña Micaela. 



Todos 

Pomp. 

Todos 

Man. ) 

Aur. ) 

Todos 

POL. 


¡Qué atrocidad! 
¡Qué decepción! 
Cuesto signore 
é un imbrolión. 
¡Qué decepción! 
¡Qué atrocidad! 
(¡Adiós ansiada 
felicidad!) 

¡Qué atrocidad! 
¡Qué decepción! 
(¡Los he aplastado 
con mi opinión!) 


Man. (A Aurora.) 

Tal desengaño 
sólo deploro, 
porque te quiero, 
porque te adoro; 
que la riqueza 
con que soñé, 
para tí sola 
la ambicioné. 


Aur. Nada me importan 

las desventuras, 
si tú me quieres 
como aseguras. 

Mas no te aflijas, 
ten en mí fe, 
que no por eso 
te olvidaré. 


Pomp. E un ignorante 

cuesto joyero, 
perque ii brilante 
é verdadero. 

A don Manuele 
io parlaré 
é cueltesoro 
sará per mé. 



36 


Tel. 

Míe. 


POL. 


Todos 

Míe. 

Tel. 


Tel. 

POL. 

Tel. 

POMP. 


Pol. 

POMP. 


Míe. 

Aur. 

Pol. 

Tel. 


Nuestra riqueza 
se ha evaporado 
con lo que ahora 
ha resultado. 

No habiendo guita, 
ya no hay de qué, 
y yo esta boda 
la desharé. 


¡Cómo se han puesto 
porqule he afirmado 
que es un brillante 
falsificado! 

Pero si ahora 
los engañé, 
dentro de poco 
lo aclararé. 


¡Qué decepción! 

¡Qué atrocidad! 

¿Tendrá razón? 

¿Será verdad? 

HaMado 

(Todos muy tristes y cabizbajos.) 

¿Conque falso? 

(condoliéndose.) ¡Sí, señores; falso! 

¿Y usted qué dice á esto, señor Pompolini? 
(¡E la gran ocasione per pillare una ganga!) 
lo credo qui cuesto siñore (por don Poiicarpo.) 
tiene rasone. 

(Este tío es un granuja.) 

(Mirando el brillante) A prima vista párese 
buono, ma luego... luego si ve que non é 
buono. ¡E una gran imitachione! (Música en la 
orquesta. Hablado á la música.) 

(¡Nos lucimos!) 

¡Qué desgracia! 

(Vase izquierda muy triste.) 

¡ Caballeros!... (Despidiéndose.) 

(con desprecio.) (¡Animal!) 


37 — 


POL. 

Míe. 

Man. 

Pomp. 


¡Buenas tardes! (vase foro.) 

(¡Buena plancha!) 

(Yo me marcho.) (Vase derecha.) 

(¡lo detrás!) 

(Vase detrás de Manuel indicando que no le pierde da 
vista.) 


ESCENA XV 


DON TELESFORO y DOÑA MICAELA, muy desconsolados 

Tel. ¿Desengañaste ya al Doctor? 

Míe. Sí, y se puso furioso diciendo que era una 
burla. 

Tel. Pues mira, hay que convencerle de lo con¬ 

trario, y en cuanto á don Manolito, digo, á 
don Manuel, hacerle, saber que no hay nada 
de lo dicho. 

Míe. Eso va á ser muy difícil. 

Tel. Pues tú verás cómo te las arreglas, poique 

yo no transijo. Para miseria nos basta con 
la nuestra. ¡Engañarnos de este modo!... 


ESCENA XVI 


DICHOS y EL DOCTOR, por la primera izquierda 


Doc. 

Míe. 

Tel. 

Doc. 


Tel. 

Doc. 


Tel. 


¡Aquí estoy yo, don Telesforo! 

(£1 Doctor.) 

(¡María Sailtísima!) Huyendo.) 

(Muy calmoso.) Quiero convenserme por mí 
mismo y ver si es usté capás de burlarse cara 
á cara de un hombre de mi carácter y de 
mis energías. 

(con miedo.) ¡Señor Doctor!... 

¿Es sierto lo que me ha dicho esta señora? 
Porque si es sierto, yo le pincho á usté; y 
despué de pincharle le pego un tirito; y 
despué de pegarle un tirito... me voy tan 
tranquilo. 

Pero, vamos á ver, calma. ¿Qué es lo que le 
ha dicho á usted esta señora? (¡Serenidad!) 


— 38 — 


Doc. Esta señora me ha dicho que usté le dijo: 

Dile al Doctor que la niña se casa con don 
Manuel. 

Tel. (¡Sea lo que Dios quiera!) ¿Lo ye usted? Y 

lo que yo le dije fué: Dile á don Manuel 
que la niña se casa con el Doctor. ¿Ve usted 
por qué le decía yo que esta lo entiende to¬ 
do al revés? 

Míe. (¡A que soy yo ahora la que lo paga!) 

Doc. ¿De manera que ha sido otra equivocasión 
de la señora? 

Tel. ¡Naturalmente! 

Doc. ¡Ya me lo figuraba! En ese caso no he dicho 

nada y voy otra ves por los merengüitos. 

Tel. Sí, sí, vaya usted por los merenguitos. 

Doc. Y en prueba de pas, les convido á un refres- 

quito. Síganme, síganme. 

Tel. Vamos donde usted quiera, (a doña Micaela, 

imitando el modo de hablar del americano.) ¿VeS 

qué pronto lo he arreglao yo?) 

Míe. (¿Pero qué va á desir el otro? (vanse hablando 

detrás del Doctor por la primera izquierda.) 


ESCENA XVII 

MANUEL y el SIGNOR POMPOLINI, por la primera derecha 

Man. (saliendo mal humorado.) ¡Qué hombre tan pe¬ 

sado! 

Pomp. (Detrás.) ¡Siñor Emanuele; siñor Emanuele! 

Man. Le he dicho á usted que no lo tengo. 

Pomp. ¡Oh! E una gran imitachione, é come imita- 
ehione vale den aro. lo sono ripresentante 
d’ una gran casa d’ Italia. ¡Oh, Italia! ¡La 
patria de las imitachiones! Nela mía patria, 
tuto é falso. ¿Vedete cuesto? (Enseñando un 
anillo quo lleva puesto. ) ¡Falso! ¿Vedete cuesto? 
(Enseñando la cadena.) ¡Falso! ¿Vedete Cuesto 
bilete? (Sacando un billete de Banco.) ¡Falso! 

Man. (con coraje.) Bueno, pues no lo tengo ya. 

Creyendo que valía mucho se lo regalé á 
Aurora; de manera que... 


— 39 


POMP. 

Man. 

POMP. 

Man. 

PO.MP. 

Man. 

POMP. 

Man. 


POMP. 


MANUEL, 


Tel. 

Míe. 

Tel. 

Man. 

Tel. 


Man. 


Tel. 

Míe. 

Tel. 


Míe. 


lo poso darle per la pietra falsa, chincuenta 
peseta. 

¡Qué pesadez! (Paseándose muy agitado.) 

Sesenta peseta. 

¡Dale! 

Ancora un supremo sforso Setenta é chin- 
cue pesetas... ¡Cuíndichi duri! 

Bueno, vea usted á esa señorita y si ella 
quiere vendérselo... 

¿E per voi non avete inconveniente? 
Ninguno. ¡Para lo que me sirve no quiero 
volver á acordarme más de eso. ¡Que lo 
venda! 

¡Oh! (con mucha alegría ) (¡Due negochio! Com¬ 
prare cuesta alhaja baratísima... é pasare il 

hílete.) (Vase haciendo muchos saludos. Manuel se 
sienta pensativo.) 

ESCENA XVIII 

DON TELESFORO y DOÑA MICAELA, por la primera 
izquerda 

Aquí está ¡Nada de vacilaciones! 

¡Bien hecho! 

¿Don Manuel? 

¡Ah! ¿Son ustedes?... (Trata de levantarse.) 

Sí, pero no se moleste usted. Siéntate Mi¬ 
caela. (Se sientan á su lado. Don Telesforo tose y se 
prepara como para pronunciar un discurso.) ¡Don 

Manuel! Hay circunstancias en la vida de 
los hombres... y de las mujeres... en las cua¬ 
les, un buen padre... y una buena madre... 
¡Basta! Sé lo que van ustedes á decirme. Que 
ya no consienten mi matrimonio, ¿no es 
verdad? 

(A doña Micaela.) (No, lo que es COITIO listo, €S 
listo.) (a Manuel.) No es eso precisamente... 
Pero una cosa parecida. 

Compromisos adquiridos anteriormente con 
el Doctor, y que al pronto no recordábamos, 
nos obligan... 

Tenemos empeñada nuestra palabra. 


— 40 — 


Tel. (con solemnidad-) Y cuando nosotros empeña¬ 

mos una cosa, crea usted que es para siem¬ 
pre, ¿verdad, Micaela? 

Man. ¿Es decir que quieren ustedes casar á "'Au¬ 
rora COn el Doctor? (Levantándose airado.) ¡Eso 
• nunca! 

Tel. (Se levanta y le sigue en sus paseos.) ¡Caballero! 

Man. Aiírora me quiere y no estoy dispuesto á 
ceder fácilmente. 

Tel. (Detrás.) Hombre, no debe extrañarle á us¬ 

ted esta determinación, porque usted es 
muy amable, muy simpático, muy hon a- 
do... ¡pero el otro es paraguayo!... ¡el otro es 
paraguayo!... 


ESCENA XIX 


DICHOS y DON POLICARPO por el foro y riéndose fuerte. 


PüL. 


Man. 

Tel. 

POL. 


Man. 

Tel. 

Mic. 

PoL. 


LOS TRES 

Tel. 

Mic. 

Man. 


¡Já! ¡já! ¡já! Basta de farsas, señores. Vamos 
á llegar á tierra y ya es hora de decir la ver¬ 
dad. ¡Manolo! ¡Ven á mis brazos! 

¿Qué? 

(¿Qué dice ese hombre?) 

No soy tal Gutiérrez. ¡Já! ¡já! ¡já! Soy tu tío 
Policarpo, que ha salido á recibirte eil alta 
mar. 

¡Cómo! ¿Será posible? ¡Tío! (Abrazándole con 
efusión.) 

(¿Pero qué es esto?) 

(Yo estoy tonta.) 

Señores, tienen ustedes una hija que es un 
encanto, y tú una novia que no te la mere¬ 
ces. ¡Picarón! He comprendido que la mu¬ 
chacha te quiere de veras, y ahora viene la 
sorpresa. ¡Os he engañado! La piedra que 
tienes es buena. ¡Es un magnífico ejemplar! 
¡Eres rico! 

¿Cómo? 

¿Qué oigo? 

¡Cielos! 

¡Maldición! (cae desplomado en una silla con de¬ 
sesperación.) 


— 41 — 


Míe. (a Teiesforo.) (¡Qué plancha, Telesforo!) 

Tel. (a Micaela) (Ríete, ríete y sea lo que Dios 

quiera.) ¡Já! ¡já! ¡já¡ (En el mismo tono que don 
Poiicarpo.) ¡Basta de farsas, señores! Vamos 
á llegar á tierra y ya es hora de decir la ver¬ 
dad. Manolito, ven á mis brazos, v ahora 
viene la sorpresa. ¡Te he engañado al decirte 
que me oponía á tu boda! 

Man. ¿Bs decir... (Levantándose con rabia.) que con di¬ 

nero ó sin dinero, acceden ustedes?... 

Tel. ¡Naturalmente! (a Micaela.) ¡Lo ha tomado en 

serio, lo ha tomado en serio!... ¡Já! ¡já! ¡já! 
Míe. ¡Já! ¡já! ¡já! 

Man. Bueno, pues (Riéndosesarcásticamente.) ¡já! ¡já!J já! 

(Todos se ríen mucho ) Señores, basta de farsas. 
¡Don Telesforo, venga usted á mis brazos! 

(Don Telesforo corre á precitarse en ellos) (l) Y 

ahora viene la sorpresa. ¡Me han engañado, 
y ese magnífico ejemplar lo hemos vendido 
COmO falso, por quince duros! (Don Telesforo 
se separa bruscamente de sus brazos.) 

Pol. ¿Qué dices? 

Míe. ¡Cielos! 

Tel. ¡Maldición! (Desde aquí muy rápido.) 

Míe. ¿Pero cuándo? 

Tel. ¿Cómo ha sido? 

Pol. ¿Quién lo ha comprado? 

Man. ¡Aurora lo habrá vendido ya al italiano! 
Pol. ¡Granuja! 

MlC. (Llamando á gritos y corriendo todos por la escena.) 

¡Aurora! 

Pol. ¡Aurorita! 

Tel. ¡Hija mía! 

Míe. ¡Corramos! 

Pol. ¡Aún será tiempo! 

Tel. ¡Qué desgracia! 

Todos ¡Aurora! 


(l) Manuel, don Tolesforo, don Policarpo, Micaela. 




42 


ESCENA XX 


AURORA y CORO GENERAL por todos lados y dando voces. 


Unos 

Otros 

Tel. 

Míe. 

PoL. 

Man. 

Aur. 

Man. 

Tel. 

Míe. 

Aur. 

Todos 

Aur. 

Todos 

Tel. 

Aur. 


Todos 

Tel. 

Aur. 

Man. 

Aur. 

Man. 

Aur. 

Pgl. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 

Míe. 

Tel. 


¿Qué ocurre? 

¿Qué sucede? 

¡Aurora! ¡Yen acá! 

! ¡Ven acá! (La rodean y la acosan á preguntas.) 

' (Todo muy rápido.) 

¿Pero qué ocurre? 

¿Dónde está? 

¿Dónde está? 

Habla pronto. 

¿Pero el qué? 

¡El brillante! 

(Sacando el estuche con tranquilidad.) ¡Aquí está! 
(Respirando fuerte.) ¡Ah! (1) 

¿De modo que no has visto al italiano? 

No. Yo estaba encerrada en mi camarote, 
dudando si arrojar al mar este triste re¬ 
cuerdo. (Con tristeza.) 

(Fuerte.) ¡ ¡N0!! 

Pues hija, te luces si llegas á tirarlo. 

¿Por qué? 

Porque ha resultado bueno. ; 

¿De veras? (con alegría.) 

Mi tío Policarpo lo asegura. (Presentándole.) 
¿Cómo? ¿Es usted?... 

Sí, hija mía, SÍ. (La abraza y hablan los tres aparte ) 

¡Ay qué susto hemos pasado! 

(con presunción.) ¡Ustedes! ¡Yo tengo siempre 
mucha presencia de ánimo! 

¿Sí? Pues anda á ver al Doctor y á decirle 
que no hay nada de lo dicho. 

(Muy bravucón.) ¡Y se lo diré! ¡Vaya si se lo diré! 
Es que ahora te pincha. 

¿A mí? ¡Que venga si se atreve! ¡Eso lo ve¬ 
ríamos! ¡Que venga! 


(l) De derecha á izquierda del actor, don Policarpo, Manuel, 
Aurora, Micaela y Telesforo. 



ESCENA ÚLTIMA 


Doc. 


Todos. 

Doc. 

Aur. 

Doc. 

Tel. 


Doc. 

Tel. 


Doc. 

Cabo 


Pol. 

Míe. 

Tel. 


DICHOS, el DOCTOR, luego el CABO 

(Por la primera izquierda y con una bandeja de me¬ 
rengues.) ¡Aquí estoy yo, don Telesforo! (Te- 

lesforo, al oir á su lado la voz del Doctor, sale hu¬ 
yendo y se coloca al otro lado de la escena y detrás 
de don Policarpo, como escudándose en él.) ¡Vengo 

á traerle estos merenguitos á mi futura. 

¿A quién? 

¡A Aurorita! 

¿Yo su futura? 

¡Claro que sí! Como que nos casamos lue¬ 
guito, pero lueguito. 

(Sea lo que Dios quiera.) Oiga usted, señor... 
paraguayo, lo que debía usted hacer, e& 
quitarse de mi vista lueguito... pero luegui¬ 
to... (Remedándole.) 

Es que yo le pincho. 

¿Sí? ¡Toma! (Le pega en la bandeja de abajo a arri¬ 
ba, tirándole los merengues á la cara y huye.) (Se ar¬ 
ma gran confusión. Muchas voces.) 

¡Qué vergüensa! (Vase corrido, y todos se rien al 
verle manchado.) 

(por el fondo y gritando.) ¡Señores! Que vamos 
á entrar en el puerto. Prepararse para des¬ 
embarcar!... (La gente se prepara yendo de un lado 
para otro, pero sin salir de escena.) 

(Que estará hablando aparte con Aurora y Manuel.) 

Sí, hijos míos; yo os apadrino y sed felices. 
¡Ay, Telesforo! 

¡Ay, Micaela! (Abrazándola.) 

Con viento en popa vinimos; 

Viento en popa seguiremos, 
y hoy, que de apuros salimos, 
únicamente pedimos (ai público.) 
que, al final, no naufraguemos. 

(Don Policarpo da un «¡Vivan los novios!» que es con¬ 
testado por todos.—Orquesta.—Telón.) 


FIN. 





ADVERTENCIA 


Los autores agradecerán á los señores directores de 
escena que no descuiden la cuestión de decorado, par¬ 
ticularmente el telón corto de la Introducción. 

El reputado pintor escenógrafo D. Luis Muriel cons¬ 
truyó para esta obra dos preciosas decoraciones que le 
proporcionaron una entusiasta ovación. 

La segunda decoración no es de absoluta necesidad 
que sea comedor: puede sustituirse por otra, pero siem¬ 
pre que reúna las condiciones que exige el servicio es¬ 
cénico, y, sobre todo, que tenga carácter para que al 
levantarse el telón se comprenda claramente que es 
una habitación de á bordo. 






OBRAS DEL MISMO AUTOR 


Vino 'pardillo, saínete en un acto y en verso, original. 

Cuestión de cuartos, juguete cómico en un acto y en prosa, 
original. 

Máquinas «Singer », juguete cómico-lírico en un acto y en 
prosa, música del maestro Nieto. 

Diente por diente, juguete comico en un acto y en verso, 
original. 

Los Molineros, zarzuela cómica en un acto y en prosa, mú¬ 
sica del maestro Jiménez. 

La Tertulia de Mateo , sainete lírico-político en un acto 
y en verso, original (5. a edición), música del maestro 
Nieto. 

Las Propinas, pasillo en un acto y en verso, original. 

Caballeros en Plaza, pasillo-lírico en un acto y en prosa, 
original, música del maestro Jiménez. 

Los Callejeros, sainete lírico en un acto y en verso, origi¬ 
nal, música del maestro Nieto. 

La Tertulia di Mateo (6. a edición), corregida y aumentada. 

La Beneficiada, pasillo lírico en un acto y en prosa, músi¬ 
ca del maestro Brull. 

Madrid-Club, revista cómico-lírica en un acto en prosa y 
verso, original, música del maestro Nieto. 

La Corista, juguete cómico en un acto y en prosa. 

Los Embusteros , juguete cómico-lírico en un acto, escrito 
sobre el pensamiento de una obra francesa, música del 
maestro San José. (2. a edición.) 

La Política, boceto de costumbres lugareñas en un acto y 
en verso, original. 

Los Langostinos, juguete cómico en dos actos yen prosa, 
original. (2. a edición.) 

¡Garibaldil pasatiempo cómico-lírico en un acto y en 
prosa, original, música del maestro Fernández Caba¬ 
llero. 



La boda del cojo , zarzuela cómica en un acto y en prosa, 
original, música del maestro Brull. 

La madre del cordero , zarzuela en un acto y en verso, origi 
nal, música del maestro Jiménez (3. a edición.) 

Los impresionistas, juguete cómico en un acto y en verso, 
original. 

El cascabel al gato, juguete cómico en un acto y en prosa, 
original. 

¡Pobres forasteros!, revista lírica de actualidad, en un acto y 
en prosa y verso, original, música del maestro Brull. 

La mujer del molinero, zarzuela en un acto y en prosa, ori¬ 
ginal, música del maestro Jiménez (2. a edición.) 

Los voluntarios, zarzuela cómica en un acto y dos cuadros, 
en prosa, original, música del maestro Jiménez. 

Vienta en popa, zarzuela cómica en un acto y en prosa, 
original, música del maestro Jiménez. 



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